martes, 6 de marzo de 2012

Crónica del míster.


Se preveía una mañana difícil, tenía la sensación de que el sábado iba a ser duro, pero confiando en que las cosas saldrían como deberían. Pues bien, no me equivocaba; Modificamos el equipo en algo que no me hubiera gustado tocar, llevaba toda la semana planteando un sistema que, creo, que nos hubiera dado algo más, pero bueno, gracias a la actitud de los niños salió mejor de lo que pensaba.
El partido empieza de la mejor manera posible, donde nos adelantamos en el marcador con una gran jugada personal de Cano, que se adentra en el área después de recorrerse la banda y define magistralmente junto al palo ante la salida del portero. Poco nos dura la alegría, porque seguidamente, nos empatan. A partir de ahí el encuentro se volvió tosco y demasiado duro, porque un rival que juega a intentar amedrentar, quería salirse con la suya y no podía; varias ocasiones en ambas porterías, antes de que la primera parte tocara su fin, en donde el marcador pudo moverse, pero no.
En el descanso, veo a mis jugadores sobreexcitados debido a lo acontecido durante la primera parte, no soportaban las continuas amenazas vertidas desde los propios niños del equipo visitante, pasando por la grada y acabando por el banquillo; intento tranquilizarlos y que no entren en su juego, que sigan como hasta ahora sin perder la cara al partido. Empieza la segunda parte y nos encontramos con 3 goles consecutivos, que nos dejaron tocados, muy tocados. Creía que el partido había terminado, pero mis jugadores me demostraron que no se iban a rendir, y, así fue. Después de otra jugada de Cano, que se planta solo delante de la meta del rival, le regatea y define como los grandes, acortamos distancias, metiéndonos de nuevo en el partido y viendo que éramos capaces de dar la vuelta el marcador. A partir de nuestro segundo gol, comienza un continuo acoso por nuestra parte para intentar ajustar más el marcador, y en ocasiones tuvimos para ello, pero en un desafortunado córner en contra, nos hicieron el gol que acababa con nuestras esperanzas.
Acaba el partido y veo a mis niños derrumbados, exhaustos ante el gran esfuerzo realizado, donde habían corrido, luchado y pelado como jabatos sin entrar en provocaciones. Permitidme decir que los niños me demostraron y me dieron una lección de su comportamiento. Por último, pido disculpas por lo acontecido después del partido, pero después de estar aguantando durante mucho, estallé, por ver a Alberto llorar de esa manera, ya que se le había faltado el respeto vulgarmente, no podía permitirlo. También digo que volvería a actuar así, porque no puedo ante una injusticia tan grave, pero bueno, ante todo quiero que me entendáis y que no se me valore por ello.
Creo que debemos y tenemos que estar orgullosos de vuestros hijos, que también son mis niños, de su actitud y compromiso, que han demostrado los unos con los otros; seguid así, porque esa es la actitud.
Todos de diez, todos, pero no os conforméis; seguid, que todavía podéis mejorar más. 
Jorge.

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